EL COMERCIO, Lima, 20-12-2000
“Instantes” de Wolfsdorf.
PINTOR ARGENTINO, QUE RESIDE EN EL PERÚ DESDE 1973, PRESENTA UNA MUESTRA INDIVIDUAL EN LA GALERIA DEL CENTRO CULTURAL PERUANO BRITANICO.
Para Felipe Wolfsdorf pintar es algo que se hace solo por propio gusto. ”Esta es la primera exposición que hago desde hace seis años. En principio, si no expongo regularmente es porque no soy muy metódico, pero además, porque si no me da la gana no pinto. Así es como me siento bien, sin estar sujeto a obligaciones”. De esta manera se expresa el autor del conjunto de 54 pinturas que se expone en la galería John Harriman del Centro Cultural Peruano Británico bajo el título de “Instantes”.
Barba blanca, mirada clara y voz serena, Wolfsdorf llego al Perú en 1975 para quedar fascinado con la belleza del sur de nuestro país. En ese momento, él, procedente de Argentina, ya tenía cierto recorrido en la pintura, actividad que había abrazado tardíamente, cuando tenía 35 años.
Sus creaciones eran realistas de contenido social, sin embargo, al sentirse limitado en su capacidad de expresión acudió a Juan Batlle Planas. “Fue uno de los primeros maestros surrealistas en Argentina”, recuerda Wolfsdorf.
Digamos que para Bretón y su gente, uno primero era surrealista y después artista, medico, mecánico o lo que fuera. Por eso, Wolfsdorf, a la par de divertirse con el ejercicio artístico, cuyos resultados expuso en galerías como Borkas, Vargas o La Araña, realizo actividades de un calibre mucho más profundo, como dirigir un taller de pintura para niños de la calle entre 1991 y 1994. Acerca de aquella tarea recuerda: “No sé qué va a pasar con eso, pero ellos van a sobrevivir y algún día van a recordar que pintaron”.
Wolfsdorf pone cara de saber las cosas que dice pueden sonar cursiles. Cierto, pero eso no les quita el valor de verdad: “Demostraron a la sociedad que todo dependía de que les dieran la oportunidad de coger un pincel en lugar de un cuchillo”.
Después, entre 1995 y 1999, emprendió una tarea similar, solo que con personas que estaban al otro lado de la niñez. Fue Director Académico del Patronato Cultural del IPSS, en el cual organizaba cursos para adultos de la tercera edad.”Comenzamos con pintura y cerámica. Y después abrimos música, historia del arte, literatura, etc.
Era fantástico ver personas de ochenta años asombrados de poder tocar la flauta en dos semanas con el método Susuki”, cuenta. Y mientras conversamos Wolfsdorf, firme en estos difíciles tiempos, recuerda riendo las palabras de “un viejo camarada de ruta: Hoy día sobrevivir es revolucionario”.
