Mundo Israelita 07-08-76
Felipe Wolfsdorf Testimonia En su Pintura los Matices más Recónditos de su Existencia
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IENE una barba totalmente blanca, el cabello grisáceo. Es el marco de una cabeza donde dos ojos asombrados y a la vez inquisitivos parecen estar siempre expectantes. El cuerpo, en cambio, el modo de caminar es lento. Felipe Wolfsdorf da la impresión de caminar por praderas y no por calles de una ciudad. Esa calma exterior no logra ocultar a un hombre que registra densas tensiones internas. Es el rostro y el ademán de un hombre llegado al país a los cinco años (nacido en Varsovia en 1921) y que crece en el seno de su familia judía, una familia que no le ofrece los medios para crecer en una vocación cualquiera: a los trece años Felipe se transforma en un aprendiz de obrero grafico porque hace falta su aporte y porque el sueño de una universidad es un lujo para otros. A este muchacho le gustaba el dibujo y le divertía dibujar. Una que otra vez, los retocadores de fotografías le permiten que ponga punto final a ese tipo de trabajo hasta que un buen día escucha los consejos de quien lo inicia en alguno que otro cañón de resonancia plástica: Besares Soraraire. Todo aquel arsenal de conocimientos no le alcanzan, no colman su sed de expresión. Da con un artista que termina por ser una personalidad clave, liberadora en su vida: Batlle Planes.
-Batlle hablaba conmigo, abría mis horizontes, ensanchaba mi visión. Dialogar con Batlle era más importante que tomar lecciones en un sentido técnico. Batlle enseñaba, al menos a mí, a volar con la pintura. Entendámonos: volar no significa despegarme de la tierra. Volar es tener una insustituible expresiva. Es poder tener una herramienta con la cual se construyen verdaderos puentes de comunicación con la gente que me rodea.
-Su color aparentemente, no siempre es expresión del color que nos rodea en nuestra atmosfera ciudadana.
-El color en mi obra, es mi ánimo. Toda mi pintura es, en todo caso, el reflejo de un estado de ánimo.
(Observamos juntos algunos cuadros de Wolfsdorf. Comparamos los de mayor diversidad tonal.)
-En ese momento me sentía así. En este otro, así. Y en este otro, como pueden ver, de un modo muy distinto. No creo que pueda separarse el ser humano, sus vivencias, del artista. Son una sola cosa.
-¿Nota influencias?
-Tiene que haberlas, de toda índole. Ando por la calle, viajo en subte, en colectivo, me enojo, me alegro, escucho música, me preocupan tantas cosas, veo pintura, leo. Todo eso se mete por algún colador y junto con ese misterio que es nuestra memoria se forma un complejo de influencias. Nadie escapa a nada de eso.
-¿Ha tenido usted crisis creativas? Nos referimos a las que surgen en épocas muy tensas en las que hacer un objeto conmovedor, bello, parece un absurdo.
-He vivido crisis, por cierto, y he llegado a creer muchas veces que estaba haciendo algo insignificante y banal. Pero he sentido simultáneamente la responsabilidad de estar vivo. El lugar que ocupa sobre la tierra un hombre que vive tiene que estar útilmente ocupado. Cuando pinto tengo conciencia de mi propia existencia.
-¿Usted diría “Pinto luego existo”?
-Quizás.
-¿La pintura le entrega respuestas a preguntas abismales?
-Tal vez haya encontrado alguna respuesta pintando. Sucede que el primer sorprendido de cuanto aparece en una tela mía soy yo. Esa cualidad, asombrarse de uno mismo, de cuanto uno tiene adentro de uno, es un hecho que toca mi centro.
-A través de la comunicación que entabla a traces de sus obras…
-A través de esa comunicación es que tengo algunos amigos entrañables. Siempre recuerdo la anécdota de un amigo antropólogo que en la selva, tras grabar canciones tribales, hizo hablar a una anciana ante el grabador. La anciana gritaba. “no grite”, decía mi amigo. “no hace falta con el grabador”. “Grito”, decía la vieja, “grito alto para que se enteren al otro lado del rio que vivo”. Ahí radica lo fundamental de todo ser humano: la necesidad de hacer conocer su existencia como ser.
Felipe Wolfsdorf, cuyo trabajo cotidiano es el de ser un hombre clave en los talleres gráficos del matutino “Di Presse”, afirma que es “un judío que pinta” y no “un pintor judío”. Si están las raíces de mi condición judía en mi pintura habrá quien las descifre. No es mi tarea.
El pintor que ha realizado una exitosa y trascendente muestra de su arte en Lima –donde obtuvo eco de criterios y público- presentara su obra el próximo lunes 9 a las 19 horas en la galería “Cencerro”, Florida 683, que tan acertadamente conducen la recitante Berta Bialy Sneh y el arquitecto Jorge Rappoport.
